Maserati se queda en Stellantis y se acerca a Alfa Romeo

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Antonio Filosa salió a cruzar los rumores que venían creciendo desde hace meses. En el marco del Salón del Automóvil de París, el consejero delegado de Stellantis fue consultado por Bloomberg Television sobre si la compañía tenía intenciones de desprenderse de Maserati. Su respuesta fue categórica: «En absoluto» . Con esas dos palabras, el directivo puso paños fríos a las especulaciones que ubicaban a la firma italiana en la vidriera, especialmente después de varios ejercicios con números flojos y un futuro que generaba dudas.

 

Stellantis no divide su imperio

 

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El ejecutivo también aprovechó para desactivar otra idea que venía sonando en los pasillos: la posibilidad de escindir las marcas europeas de las norteamericanas. Filosa calificó esa alternativa como «nada plausible» y defendió el modelo actual, donde las 14 enseñas del grupo comparten tecnologías y plataformas a escala global para licuar costos de desarrollo . Según su visión, la escala es el principal activo de Stellantis y romper esa lógica no haría más que debilitar a todas las firmas por igual.

 

El tridente no se toca, pero el camino no será sencillo

La realidad de Maserati no es la de sus mejores épocas. Los números del ejercicio 2025 reflejan una caída de ventas y pérdidas que obligaron a la casa matriz a salir al rescate. Stellantis inyectó 850 millones de euros para garantizar la continuidad operativa de la marca de lujo, una señal de que, pese a los rumores, el grupo no tiene intenciones de soltarla . La pregunta que sobrevuela es otra: ¿cómo se hace para devolverle competitividad en un segmento premium cada vez más exigente?

 

 

La hoja de ruta que asoma tiene un nombre propio: Alfa Romeo. La idea que evalúa la cúpula es profundizar la colaboración entre ambas marcas italianas. Comparten herencia, posicionamiento y, sobre todo, la necesidad de repartir los costos de ingeniería para acortar plazos de desarrollo . No se trata de fusionarlas ni de diluir sus identidades, sino de que trabajen más cerca en lo que respecta a plataformas y tecnología, mientras cada una conserva su ADN. Esa parece ser la vía elegida para intentar que Maserati recupere volumen sin necesidad de salir a buscar un comprador.

 

La letra chica de los números que complican el panorama

El contexto financiero de Stellantis tampoco ayuda a la calma. El grupo cerró 2025 con una pérdida neta de 22.300 millones de euros, producto en gran parte de cargos extraordinarios vinculados a un cambio profundo de estrategia y a un frenazo en la transición hacia la electrificación . Ese resultado puso presión sobre las acciones y obligó a la compañía a repensar prioridades. En ese ordenamiento, cinco unidades se llevan la mayor parte de las fichas: Jeep, Ram, Peugeot, Fiat y la división de utilitarios Pro One .

 

 

Maserati no está en ese lote de prioridades absolutas, y eso explica en parte por qué los rumores de venta nunca se apagan del todo. Sin embargo, Filosa sostiene que el grupo ya dejó atrás el punto más bajo de rentabilidad y que la mejora debería empezar a notarse de forma sostenida. La prueba de fuego serán los próximos balances: si los números acompañan, el discurso de la continuidad tendrá sustento; si no, las preguntas volverán a instalarse.

En paralelo, Stellantis avanza con alianzas industriales que le permitan usar mejor su capacidad instalada en Europa. Los acuerdos con los fabricantes chinos Leapmotor y Dongfeng apuntan a ocupar plantas que hoy trabajan por debajo de su potencial, sin necesidad de recurrir a cierres, y a acceder a tecnología eléctrica a menor costo . Esa jugada forma parte del mismo rompecabezas: sostener el empleo, ganar eficiencia y mantener vivas a las marcas mientras la industria termina de acomodarse a un escenario de demanda incierta.

 

 

 

 

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